Álvaro Salvadores y Michael Rutzgis: la vida de cine de dos miembros de la selección española en el primer Mundial de la historia

La selección española del Mundial de 1950 (foto: FEB)

En la primera Copa del Mundo de la historia que se celebró en Buenos Aires en 1950 participó la selección española y destacaron dos personajes de la historia del baloncesto: Álvaro Salvadores, máximo anotador y miembro del mejor quinteto, y a Michael Rutzigis, seleccionador. La vida de ambos es digna de un guion cinematográfico, tanto por las peculiaridades de su carrera en el baloncesto como por temas que van más allá del deporte. Si queréis saber más de la historia de la participación de la selección española en los mundiales, os volvemos a recomendar el monográfico de Skyhook Magazine donde hay un artículo sobre ello y sobre muchas otras historias del mejor torneo de baloncesto tras los Juegos Olímpicos

El propio Mundial en sí, el único que disputaron los dos protagonistas, fue un escenario propio de una película culminada con la que algunos medios llamaron “la noche de las antorchas”, ya que la afición argentina celebró el título ante EEUU prendiendo fuego a periódicos a modo de antorchas improvisadas. El torneo se celebró en la Argentina del presidente Perón principalmente motivado por la situación económica de Europa tras la II Guerra Mundial. El desempeño de la selección española también estuvo marcado por motivos extradeportivos, ya que su única victoria se produjo por la negativa de Yugoslavia a jugar contra los españoles en protesta por el régimen franquista.

Álvaro Salvadores con la camiseta de España junto a Furlong y Stanich (foto: El Gráfico)
Álvaro Salvadores con la camiseta de España junto a Furlong y Stanich (foto: El Gráfico)

Álvaro Salvadores, el hispano-chileno que se ofreció al General Querejeta

Álvaro Salvadores nació en Magaz del Pisuerga, una localidad palentina, pero sus padres emigraron a Chile cuando Álvaro aún no había cumplido los dos años. Era un gran anotador y su formación baloncestística fue íntegramente en el baloncesto chileno, pero, al no ser seleccionado para disputar el mundial, se ofreció para participar con España al General Querejeta, presidente de la FEB que permaneció en el cargo durante 19 años y que también es recordado por una anécdota conocida con lo que podría ser el título de una película de la época. Ignacio Pinedo contó que, para hacer frente a acusaciones de favoritismo contra Querejeta por el origen geográfico de algunos jugadores, el presidente ordenó en unos amistosos en 1952 que el seleccionador Anselmo López alineara durante el primer tiempo a todos los seleccionados castellano-madrileños y en el segundo a los catalanes. Los propios jugadores denominaron esa situación como “los pelotones de Querejeta”.

Arturo Imedio, miembro de aquella selección y jugador del Liceo Francés, escribía en el Mundo Deportivo que Salvadores era totalmente desconocido en España y que su ofrecimiento al General Querejeta fue acompañado de recortes de prensa con los que demostraba que había sido el máximo anotador del campeonato chileno. La selección viajó a Buenos Aires para disputar el Mundial con solo diez jugadores, ya que allí se incorporaban Julio Gámez, dominicano de padre español que jugaba en el Real Madrid, y el propio Salvadores, al que ningún otro de los miembros del equipo conocía en persona.

Álvaro Salvadores, como ya hemos comentado, fue el máximo anotador del torneo y fue escogido dentro del mejor quinteto, por lo que podría pensarse que su “fichaje” fue un éxito pese al pobre papel de la selección en el torneo, pero si preguntáramos al resto de los seleccionados puede que no opinaran lo mismo. En un artículo de Diego Aguirre Díez, periodista de El Mercurio de Chile, se explica que el motivo de que Salvadores no fuera seleccionado por su país de formación era su egoísmo en la cancha, como confirmaba el periodista Humberto “Tito” Ahumada con las siguientes palabras: “La pelota le llegaba y se acababa todo. No daba pases, solo tiraba al aro. Eso, obviamente, le trajo muchos problemas con sus compañeros, pese a que era un goleador extraordinario y muy efectivo”. Esto también le provocó problemas en la selección española y en ese mismo artículo se habla de que algunos de sus compañeros quisieron mostrarle de forma física su malestar a Salvadores por el hecho de ser un “chupón”.

Álvaro Salvadores no volvió a disputar ningún torneo con la selección española y jugó los Juegos Olímpicos de 1952 con Chile. Para ello tuvo que cambiar su forma de jugar como declaró el historiador de baloncesto chileno Maximiliano Aguilera: “Lo llamaron gracias a su amistad con Rufino Bernedo (capitán del equipo), y sabiendo que él podría controlarlo y hacer que diera pases a sus compañeros. El problema es que terminó abusando del pase extra, y en algunos partidos no anotó como se esperaba”.

Para terminar con la parte baloncestística de su historia, destacar que jugó en Europa en el Racing de París, con el que fue campeón de la liga francesa anotando 47 puntos en la final, y que sus hermanos Pedro y Luis también llegaron a ser jugadores de la selección chilena. Pero como anticipábamos en la entrada de este texto, la vida de Salvadores también es de película por otras facetas, como bien muestra el título del artículo mencionado que podría ser el título de la obra si llegara a rodarse: “Álvaro Salvadores, el galán del básquet que jugaba solo”.

El adjetivo de galán no puede ser más adecuado. Aunque la belleza sea algo subjetivo, Álvaro cumplía todos los estándares de la época para ser considerado un hombre guapo, incluido un bigote estilo Errol Flynn tan propio de esos años. Aguirre nos cuenta que vestía elegantemente con trajes a medida y que las mujeres murmullaban a su paso, algo que el propio Salvadores agradecía y que corrobora su amigo personal Eric Doucerain: “Era muy guapo y tenía mucho arrastre con las mujeres. Y le sacaba partido. Hasta cuando jugábamos amistosos con los amigos él llegaba de terno. Las chiquillas suspiraban. Era un dandi”.

Álvaro Salvadores conoció en un viaje a Colombia a Elsa de la Espriella, con la que se casó y se instaló en dicho país. Se retiró del baloncesto y se incorporó al mundo de la diplomacia, siendo Cónsul de Chile en Cartagena de Indias desde 1961 a 1985. Su vida como cargo diplomático de la época sigue evocando al cine, tanto por ella misma como por la cercanía con estrellas del mundo cinematográfico y por algún otro papel como cuenta su hermana Carmen en el artículo de Aguirre:” Ayudó a mucha gente como diplomático. Su otra faceta era la de galán de cine. Siempre estuvo rodeado de gente famosa. Eso le gustaba mucho. Su forma de ser lo ayudaba a encajar bien en ese mundo. En su casa en Colombia estuvo el director Roman Polanski, la actriz Rita Hayworth, la modelo Cecilia Bolocco, y el expresidente Patricio Aylwin, por nombrar algunos personajes. Una vez hizo un doblaje de la voz del reconocido actor Ernest Borgnine para una película de Hollywood. También hizo de extra en varias otras cuando estuvo en Europa jugando. La verdad es que su vida fue así: una película”.

Michael Rutzgis (foto publicada en As)

Michael Rutzgis, días de vino y baloncesto (y mucho más)

Si la película basada en la vida y obras de Salvadores sería un “biopic” agradable de ver y sin que el protagonista tuviera que pasar grandes vicisitudes a pesar de tener una vida notable, la de Michael Rutzgis sería un auténtico drama sin final feliz, en el que el actor principal protagonizó épocas históricas, tanto en el baloncesto como en otros ámbitos vitales, pero donde los momentos duros y las desgracias familiares superan los éxitos deportivos.

Lo primero que hay que decir es que la memoria histórica, reflejada tanto en los recuerdos de quienes lo conocieron como en la prensa especializada, es bastante injusta con la figura de Rutzgis desde el punto de vista español. A pesar de que se afirma que fue el entrenador que introdujo en concepto de bloqueo en el baloncesto español y de que dirigió a la selección en la primera Copa del Mundo, siendo el único extranjero en hacerlo hasta la llegada de Scariolo, la mayoría de la información que hay sobre el estadounidense de origen lituano destaca su afición al vino y alguna otra anécdota extravagante por encima de todo. Es cierto que Rutzgis tuvo grandes problemas con el alcohol a lo largo de toda su vida y nosotros también contaremos episodios peculiares, pero Michael fue una figura muy importante en el baloncesto europeo como jugador en Lituania y como entrenador en Francia, además de tener sus buenos momentos en el español.

Entre las anécdotas, la más conocida es en la que Eduardo Kucharski, jugador que fue una de las primeras estrellas del baloncesto español, luego también seleccionador y un destacado bromista, echó medio vaso de vinagre en la copa de vino que Rutzgis solía tomarse después de cada entrenamiento y el entrenador se la bebió de un trago sin notar la mezcla de líquidos. También se habla mucho de las “naranjadas” que preparaba a los jugadores aderezadas con Ginebra, como contaba Ángel González, miembro de esa selección, en diferentes entrevistas. El jugador gallego de esa selección también cuenta que Rutzgis lo dejó sin jugar ni un solo minuto, atribuyéndolo al enfrentamiento conocido entre catalanes y castellanos y por ser el nacido en Galicia. Recordando el episodio de los “pelotones de Querejeta” que contamos antes, puede que no le falte razón.

Otra anécdota muy recordada y contada por Justo Conde en su “Historia de la selección española” es cuando obligó a Joan Ferrando, Ignacio Pinedo y Domingo Bárcenas a afeitarse si querían ir al Mundial, ya que no podía haber jugadores con bigote en su equipo. Los tres pagaron el peaje, pero Jordi Román contaba en su blog que Ferrando confesaba años después a Conde sus sospechas de que la idea podía haber salido del bromista Kucharski. De hecho, esta prohibición del mostacho no afectó a nuestro protagonista anterior, Álvaro Salvadores, incorporado directamente en Buenos Aires, lo que da verosimilitud a las sospechas de Ferrando.

Justo Conde también habla del premundial y de un famoso tiempo muerto para la última jugada del partido decisivo contra Bélgica. Se dice que allí se rezó un padrenuestro y el partido acabó con victoria española gracias a un inverosímil gancho de Ferrando, pero parece poco probable que la idea de ese rezo concreto saliera del propio Rutzgis.

Mykolas Ruzgys en 1939 (foto publicada en Wikipedia9
Mykolas Ruzgys en 1939 (foto publicada en Wikipedia9

La historia de Mykolas Paulius Ruzgys comienza mucho antes y lo primero que hay que decir es que sacamos muchos datos de una fantástica serie de artículos de Rytis Kazlauskas en LRT. Nació en Chicago en 1919 porque sus padres, Mykolas y Ona Ruzgiai emigraron a Estados Unidos desde Lituania, país que recuperó su independencia en 1918 tras formar parte de la Rusia Imperial. Ese éxodo de lituanos con ese destino era común en aquella época y en los años que siguieron a la independencia también fue un hecho común la política de atraer de nuevo al país a deportistas con raíces lituanas, especialmente en el baloncesto. El nombre más destacado es el de Frank John Lubin, o Pranas Jonas Lubinas, entrenador-jugador de la selección en el oro del Eurobasket de 1939, mejor jugador de ese torneo y considerado como uno de los grandes precursores de la tradición baloncestística lituana. Es menos conocido el hecho de que Lubin no pudo llevarse oficialmente el MVP por una peculiar norma FIBA de la época que prohibía otorgar premios a jugadores con una altura superior a los 191 centímetros y que el premio oficial fue para Mykolas Ruzgys, que promedió 10’2 puntos por partido por los 14 de Lubin. No cabe duda que el premio debió ser para Lubinas, pero tampoco que Mykolas fue uno de los protagonistas más destacados del segundo Eurobasket ganado por Lituania. Eugenijus Nikolskis, uno de los miembros de aquel equipo, hablaba así de Ruzgys en los artículos de Kazlauskas: “Era el segundo jugador más importante del equipo después del señor Lubin. Sabía concentrarse bien, era difícil de cubrir y podía lanzar a canasta desde varias posiciones”

Michael llegó al país de nacimiento de su padre formando parte de una selección de lituanos-estadounidenses para disputar los Juegos Olímpicos Nacionales de Lituania, torneo donde invitaron a miles de atletas con origen en el país. Su equipo ganó el campeonato enfrentándose al de Frank Lubin y con Rutzis anotando 13 puntos de los 27 que sumó su selección. El estadounidense decidió quedarse en Lituania y ya comenzó a mostrar que su pasión por el baloncesto iba más allá de jugarlo al comenzar a entrenar en los cursos de baloncesto de Kaunas y al equipo de la Joven Organización Deportiva Lituana. Y luego pasó a la historia del baloncesto lituano con ese Oro europeo que ya hemos comentado.

Aquí comienza la parte de drama familiar que fue una constante en la vida de Rutzgis fuera del baloncesto. Era una época convulsa en un mundo marcado por las guerras, ya fueran en la práctica o tácitas, entre las naciones. Nuestro protagonista encontró el amor con una joven lituana, la atleta Danuta Vitartaite. Se casaron y tuvieron la feliz noticia de que iban a ser padres, pero ahí fue cuando todo se torció. En 1940 la Unión Soviética ocupaba Lituania iniciando un período de 50 años de dominación rusa. La embajada de EEUU envió mensajes a todos sus ciudadanos instándoles a regresar a su país lo antes posible. Mykolas no quería hacerlo y fue el último de los cuatro jugadores del Eurobasket con nacionalidad estadounidense en salir de Lituania, pero finalmente no le quedó más remedio que partir entre lágrimas. Su hija Lidija nació semanas más tarde.

La idea era conseguir el traslado de su familia a EEUU y poder conocer a su hija, pero esto nunca llegó a producirse ya que las autoridades soviéticas no lo permitieron. La vida de su mujer y su hija lituanas fue todo un calvario, con un accidente que dejó sorda a Lidija y con una deportación a Siberia de parte de la familia. Michael Rutzgis nunca conoció a su hija y la historia de su familia lituana da para un melodrama de muchos capítulos, mientras la de el jugador entrenador siguió por otros caminos.

Michael Rutzgis sirvió en el ejercito estadounidense en la Segunda Guerra Mundial formando parte de la 89 División de Infantería. Fueron destinados a Europa el 21 de enero de 1945 y estuvieron entre los que cruzaron el Rin adentrándose en Alemania. Tras el final de la guerra aún sirvió hasta febrero de 1946 y decidió quedarse en Francia para entrenar. Allí conoció a la que sería su segunda mujer, Andrée, y fue fichado por la federación francesa como entrenador de la selección.

En un país en reconstrucción tras la ocupación alemana, Michael Rutzgis ejerció una importante labor en la recuperación del baloncesto galo y fue el mentor de Robert Busnel, figura clave en el deporte de la canasta del país vecino como jugador, entrenador, seleccionador y presidente de la federación francesa, de FIBA Europa y de FIBA. La Copa en Francia se conoce como Trofeo Robert Busnel en su honor. Tras no alcanzar las expectativas al quedar quintos en el Eurobasket de 1947, Busnel sustituyó a Rutzgis como seleccionador y consiguió ganar la Plata en 1949 ejerciendo de jugador-entrenador.

Rutzgis se instaló en Monaco, donde llevó al equipo local a la final del campeonato francés y escribió un libro de texto llamado “Le Basket Ball” y durante esta época fue cuando conoció a Raimundo Saporta, figura clave en su contratación como seleccionador español para el Mundial que ido origen a este artículo.

Michael Rutzgis dirigiendo al Bazán (Foto: Viejostiempos.com)
Michael Rutzgis dirigiendo al Bazán (Foto: Viejostiempos.com)

Volviendo a su vida familiar, Michael tuvo dos hijos en Francia antes de trasladarse a España, donde aumentaría la familia con dos nuevos vástagos. Según los artículos de Kazlauskas y las declaraciones de sus hijos allí recogidas, en la llegada de Rutzgis a España influyeron motivos de política internacional encuadrados en la relación de EEUU y España como aliados anticomunistas, algo que también aseguran que marcó su estancia en nuestro país y su traslado a Ferrol tras ser cesado como seleccionador. En la localidad gallega también tuvo momentos destacados entrenando al Bazan, pero, otra vez según dichas fuentes, su estancia allí también llegó a su fin por motivos políticos. La policía política del régimen franquista puso sus ojos sobre el ex seleccionador por su nacionalidad lituana y realizaron varios interrogatorios a la familia buscando indicios de conexiones comunistas. Esta situación y el estado psicológico de Rutzgis, motivado también por sus problemas con el alcohol, provocaron una nueva “huida” de nuestro protagonista. El 1 de diciembre de 1956 volvió a repetirse una situación que Rutzgis ya conocía al volver a Estados Unidos dejando a su familia atrás con la promesa de que se reunirían allí.

Una vez más no se cumplió y Rutzgis no volvió a ver a sus hijos europeos en toda su vida, que como hemos dicho tiene elementos para una interesante película dramática sin final feliz. Ni siquiera con alguna escena final nostálgica de reconciliación ya que ni su familia lituana ni la francesa supieron de su muerte acaecida el 15 de diciembre de 1986. Durante años se le dio por desaparecido y ni siquiera se sabe a ciencia cierta donde está su tumba. Todas estas vicisitudes y la falta de vida pública de sus últimas décadas han provocado que se hayan olvidado en cierta medida las gestas de un personaje muy importante en la historia del baloncesto europeo.

Dos vidas de cine que solo tuvieron en común el baloncesto y la Copa del Mundo de 1950 con la selección española, un campeonato donde se cruzaron por unas semanas dos personajes que vivieron historias diametralmente opuestas en una época muy diferente a la actual.

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