La EuroLeague llega a la semana decisiva de su cambio de modelo con una lista corta sobre la mesa y una idea que sus dirigentes repiten: las plazas no se adjudican al mejor pagador. El lunes y el martes, en la Asamblea General que la competición celebra en el Lago de Como, los trece clubes propietarios deben escoger a ocho nuevos socios entre once candidaturas que ya han superado el primer corte. El Valencia Basket es una de ellas.
El sistema cerrado de franquicias avanza al margen de lo que acabe pasando con la NBA, cuya posible oferta de alianza sigue en el aire. La organización ha recibido en los últimos meses al menos dos docenas de propuestas vinculantes de clubes e inversores, y ahora toca el trabajo incómodo: descartar.
Los once que ya pasaron el filtro
La lista de aspirantes que han hecho los deberes la componen Valencia Basket, Virtus Bolonia, París Basketball, Hapoel Tel Aviv, Estrella Roja, Partizan, PAOK, Napoli, Dubai Basketball, London Lions y Maxima Roma. Varios de ellos ya están jugando esta temporada la EuroLeague con licencia temporal, de modo que lo que se juegan en Como no es entrar, sino quedarse para siempre.
A última hora han pedido entrar también en el proceso de selección el Hapoel Jerusalén, el Aris Salónica, el Besiktas y el Zenit de San Petersburgo, estos últimos para cuando termine el conflicto con Ucrania. Si la competición los admite, el embudo se estrecha todavía más.
El primer criterio es el deportivo
Antes que las cuentas va la cancha. La EuroLeague quiere medir el nivel competitivo de cada club, su trayectoria, su estructura y, sobre todo, su capacidad de sostenerse arriba año tras año. Un proyecto económico brillante con un equipo incapaz de competir no sirve: el objetivo declarado es elevar la exigencia, no diluirla.
Quién hay detrás y con qué músculo
El segundo bloque es la propiedad. Recursos, estabilidad, solvencia real. La competición está sometiendo a los aspirantes a una segunda due diligence, una auditoría a fondo para contrastar la información que han presentado y detectar riesgos. Aquí se trata de asegurarse de que hay dinero no para un año, sino para sostener inversiones millonarias durante una década.
A eso se suma la reputación: historial, credibilidad institucional, comportamiento dentro y fuera de la pista. Un accionista nuevo debe ser un socio fiable para los otros doce y no un problema de imagen.
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Mercado, afición y televisión
El cuarto gran factor es el mercado que abre cada candidatura: población, potencial económico, capacidad de atraer patrocinadores y aficionados, posibilidad de entrar en territorios nuevos. Londres es el ejemplo evidente de plaza por conquistar, mientras Italia, Grecia o Francia aportan tradición y público ya hecho.
Ligada a eso va la masa social. Llenar pabellones, generar audiencia, despertar interés más allá de la propia ciudad. La competición busca clubes que funcionen como motores de crecimiento y le traigan seguidores que hoy no tiene.
El canon no será lo decisivo
Las once ofertas vinculantes finalistas suman cerca de 700 millones de euros, y sumando las que han llegado a última hora la cifra podría acercarse a los 1.000. Aun así, la EuroLeague insiste en que el canon de entrada no será necesariamente el factor que incline la balanza: el precio tiene que guardar proporción con la calidad del proyecto y con lo que cada candidato aporte al conjunto.
La segunda due diligence funciona como examen final. Deportivo, económico, propiedad, reputación, mercado, afición y capacidad de crecimiento se cruzan en una sola valoración. Las deliberaciones ya están en marcha y los nombres se conocerán en Como.
Qué se juega el Valencia
Para el baloncesto español, el asunto tiene nombre propio. El Valencia Basket es el único club de la Liga Endesa en la lista de once y aspira a sentarse en la mesa donde hoy están el Real Madrid, el Barça y el Baskonia. Pasar el primer corte no garantiza nada, pero lo coloca entre los candidatos con más posibilidades: estructura consolidada, pabellón, afición y una temporada en curso que ya está disputando en la competición.