La SEC cierra la puerta a los profesionales y pone en riesgo a algunos europeos en la NCAA
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La SEC cierra la puerta a los profesionales y pone en riesgo a algunos europeos en la NCAA

La guerra por la elegibilidad en el baloncesto universitario estadounidense ha entrado en una fase nueva, y esta vez salpica de lleno a Europa. La SEC, la conferencia más poderosa del deporte universitario, ha aprobado por unanimidad entre sus universidades un paquete de normas que veta a cualquier jugador con pasado profesional. El problema es que la definición de "profesional" que maneja la conferencia atrapa también a decenas de jugadores europeos que nunca han pisado la NBA.

Qué dicen exactamente las normas

Según las reglas ratificadas esta semana y recogidas por ESPN, no son elegibles para jugar baloncesto universitario en la SEC:

  • Cualquier jugador que haya firmado contrato con un equipo de la NBA o de la G League.
  • Cualquier jugador que se haya declarado elegible para el Draft de la NBA sin haberse retirado del proceso en la forma reglamentaria, es decir, antes de la fecha límite de mayo.
  • Cualquier jugador que haya sido seleccionado en el Draft para formar parte de una plantilla de la NBA o de la G League.

El detalle importante es que basta con haber firmado, no con haber jugado. Y ahí es donde el texto se vuelve resbaladizo, porque en la NBA no todos los contratos significan lo mismo. Un Exhibit 10 es esencialmente un acuerdo de pretemporada con opciones remotas de cuajar en la plantilla. Un contrato dual permite alternar NBA y G League y puede convertirse en estándar. ¿Y un contrato de diez días? ¿Y la Liga de Verano? La SEC va a tener que afinar mucho más su definición de contrato profesional, porque tal y como está redactada deja demasiadas zonas grises.

La norma con nombre propio

En el ambiente universitario ya se la conoce como la "regla RJ Luis Jr.". El Jugador del Año de la Big East en 2025 firmó dos contratos duales tras quedar sin elegir en el Draft de ese año, pese a no haber disputado un solo partido ni en la NBA ni en la G League. Un juez de Luisiana le concedió una medida cautelar que le permitiría jugar esta temporada con LSU, pero bajo las nuevas normas de la SEC seguiría siendo inelegible. Su abogado, Tony Clayton, ya ha anunciado una demanda ampliada que incluye a la propia conferencia y a su comisionado, Greg Sankey.

Sankey, de hecho, se implicó personalmente en el caso presentando una declaración jurada en la que pedía al juez que confirmara las normas que impiden el regreso al baloncesto universitario de quienes ya pasaron por el profesionalismo, alegando desventaja competitiva e injusticia hacia el resto de estudiantes-atletas. La conferencia convirtió después esa posición en política propia. La NCAA, por su parte, sostiene que permitir estos regresos convertiría el baloncesto universitario en una puerta giratoria con la NBA.

Y aquí es donde entran los europeos

Los dos casos que interesan desde este lado del Atlántico son Saliou Niang y Brice Dessert. El primero fue elegido con el número 58 del Draft de 2025 por los Cleveland Cavaliers; el segundo no fue seleccionado. Ninguno de los dos firmó después con un equipo NBA y ambos se quedaron en Europa. Aun así, bajo las nuevas normas de la SEC parecen inelegibles.

El agravio de fondo es de procedimiento. Los jugadores internacionales entran automáticamente en el Draft al cumplir 22 años, salvo que soliciten su entrada anticipada. Es un mecanismo distinto al de los jugadores estadounidenses o los que salen del sistema universitario, y penaliza a alguien que ni eligió declararse ni tuvo forma sencilla de "retirarse adecuadamente" del proceso. Se les aplica un castigo por una decisión que, en la práctica, no tomaron.

El precedente reciente iba en dirección contraria. La NCAA ha autorizado en el pasado a jugadores con experiencia profesional europea: el caso más conocido es el de James Nnaji, con recorrido en el Barça y elegido en el Draft de 2023, que jugó la temporada pasada en Baylor. Y la Big 12 ha introducido una normativa pensada precisamente para preservar la elegibilidad de sus internacionales. Es decir: cada conferencia está aplicando su propio criterio, lo que abre la puerta a que un mismo jugador sea elegible en una y no en otra.

Lo que esto significa para el baloncesto español

Aquí está la lectura que importa. La vía NCAA se ha convertido en los últimos años en una alternativa real para el talento joven español y europeo, con casos recientes de jugadores que han pasado por el sistema universitario antes de dar el salto. Si la interpretación de la SEC se consolida y se contagia a otras conferencias, cualquier jugador europeo que haya entrado en el Draft —incluso automáticamente, incluso sin firmar nada, incluso sin salir de su club— podría quedarse sin esa puerta.

No parece probable una exclusión masiva: hay demasiados internacionales mayores de 22 años en el sistema como para que eso sea operativo. Pero la incertidumbre ya está instalada, y para un jugador de 19 o 20 años que tiene que decidir entre firmar profesional en Europa o cruzar el charco, esa incertidumbre pesa. La FIBA, consciente del lío, mantiene desde el año pasado una guía específica de preguntas y respuestas para jugadores internacionales que consideren la NCAA, y ha anunciado que la irá actualizando.

Lo más probable, como suele ocurrir en este asunto, es que la resolución no llegue de una decisión deportiva sino de un juzgado.