Dos voces que no podrían estar más lejos la una de la otra dijeron casi lo mismo en la misma semana. Una, la del mejor jugador del mundo, hablando desde la sala de prensa de los Denver Nuggets. La otra, la de una leyenda de la NBA convertida en comentarista, hablando desde la grada de un pabellón lituano. Y las dos apuntaron al mismo sitio: en Europa se juega con algo que la NBA, dicen, ha perdido.
Conviene leerlas con cuidado, porque ninguno de los dos afirma lo que los titulares han dado a entender.
Lo que dijo Jokic
Fue en el día de medios de pretemporada de los Nuggets. A Nikola Jokic le preguntaron por la diferencia entre el baloncesto europeo y el estadounidense y no se anduvo con rodeos.
"En Europa y con la selección, lo más importante es ganar el partido", respondió. "Sé que suena estúpido, pero en la NBA se ve que ciertos jugadores necesitan sus tiros, sus puntos o sus estadísticas".
A partir de ahí llegó la frase que se ha quedado. "Ojalá cada jugador de la NBA pudiera ir a jugar seis meses en Europa, solo para ver cuánta presión hay allí". Y la explicó con un ejemplo concreto: "Juegas el miércoles contra el Olympiacos en Grecia y luego juegas en casa contra el Estrella Roja o el Partizan. Si pierdes tres partidos seguidos, allí es un problema serio. La gente se lo toma en serio. Hay mucho orgullo".
Lo que dijo Shaq
Dos días después, Shaquille O'Neal estaba en Kaunas como invitado al Zalgiris-Olympiacos de la segunda jornada de la EuroLeague, apenas su segundo partido en directo en Europa. Y soltó una frase que sabía que iba a costarle.
"Sé que el juego europeo es un poco mejor que el de la NBA", dijo. "Sé que voy a recibir muchas críticas por decir esto, pero los chicos de aquí, todo el mundo juega duro los 36 partidos".
Luego insistió en la comparación. "En Estados Unidos tenemos jugadores en la NBA que se relajan hasta que llega el All-Star, los playoffs o lo que sea. Aquí no ocurre eso". Y añadió un detalle que cualquiera que haya estado en un pabellón europeo reconoce: "Los aficionados europeos disfrutan de verdad con su juego".
Lee también
- La EuroLeague se dispara a 24 equipos: 700 millones en ofertas por las nuevas franquicias
- La EuroLeague y la oferta de la NBA, en la reunión de Villa d'Este
- La EuroLeague decide en Como: once candidatos, ocho plazas
Nadie ha dicho que los jugadores sean mejores
Esta es la parte que suele desaparecer en el camino del titular al tuit. Jokic no dice que en la EuroLeague haya jugadores mejores que en la NBA; dice que hay más presión y que el objetivo es más limpio. Shaq no dice que el talento europeo supere al estadounidense; dice que el partido, como espectáculo competitivo, le parece un poco mejor porque nadie reserva energía.
Son dos afirmaciones sobre el entorno, no sobre el nivel. Y en ese terreno es difícil discutirles: un club europeo juega dos competiciones en paralelo, se enfrenta al descenso o a quedarse fuera de Europa, cambia de entrenador en noviembre si el arranque es malo y responde ante una afición que lo vive como identidad. Un equipo de la NBA, por diseño, tiene 82 partidos para administrarse, una lotería al final del túnel si va mal y ningún castigo estructural por una mala temporada.
Por qué el reconocimiento llega justo ahora
El momento no es casual, y ahí está la segunda lectura de todo esto. La EuroLeague está en plena transformación: avanza hacia un sistema cerrado de franquicias, reparte ocho plazas nuevas entre once candidatos en la asamblea del Lago de Como y maneja ofertas vinculantes que suman cerca de 700 millones de euros. Al mismo tiempo, la NBA ronda el continente con la posibilidad de una liga propia o de una alianza.
En ese contexto, el prestigio deportivo deja de ser una cuestión de orgullo y se convierte en un activo. Que el mejor jugador del mundo recomiende a sus compañeros pasar seis meses en Europa y que una leyenda de la NBA diga en antena que aquí se juega mejor vale dinero en una mesa de negociación. No porque sea falso, sino porque llega en el instante en que puede usarse.
Lo que Europa no debería leer de más
Dicho todo lo anterior, sería ingenuo convertir dos citas en una victoria. La NBA sigue teniendo a los mejores jugadores del mundo, una capacidad económica que en Europa no existe y una maquinaria de desarrollo físico y técnico que el continente no puede igualar. Los propios protagonistas de esta historia lo ilustran: Jokic, Giannis Antetokounmpo, Luka Doncic y Victor Wembanyama se formaron en Europa, pero juegan en la NBA. Y mientras eso siga ocurriendo, el debate sobre dónde está el mejor baloncesto tiene una respuesta incómoda.
Lo que ha cambiado, y eso sí es nuevo, es que ya no hace falta defender el baloncesto europeo desde la queja. Lo están defendiendo desde dentro de la NBA.
El espejo español
Para el aficionado de la Liga Endesa hay un detalle que conviene no pasar por alto: la descripción que hace Jokic de la semana europea es exactamente la de un club ACB con doble competición. Martes o jueves en Europa, domingo en liga, con viaje de por medio y sin margen para administrarse. Lo que a él le parece el mayor argumento del baloncesto europeo es la rutina de cualquier equipo de Vitoria, Valencia, Málaga o Madrid.
Es un buen recordatorio de lo que se ve desde fuera cuando aquí a veces solo se ve el calendario.